Durante la cumbre del G7, uno de los momentos que más llamó la atención no ocurrió dentro de las reuniones, sino en el instante del saludo entre el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y su homólogo francés, Emmanuel Macron.
En contraste con los recordados apretones de manos que protagonizaron en años anteriores —largos, tensos y ampliamente comentados por expertos en lenguaje corporal—, esta vez el encuentro fue breve, natural y sin gestos de rivalidad. La escena dejó atrás una de las imágenes más características de la relación entre ambos líderes.
El cambio no pasó desapercibido. En cuestión de minutos, fotografías y videos comenzaron a circular en redes sociales, donde miles de usuarios compararon el saludo con los episodios que en el pasado generaron titulares internacionales.
Aunque el breve intercambio no modifica por sí solo la relación política entre Washington y París, sí proyecta una imagen distinta en un contexto marcado por debates sobre seguridad internacional, economía y cooperación entre las principales potencias.
Más allá de las decisiones adoptadas durante la cumbre, el gesto se convirtió en uno de los detalles más comentados del encuentro, demostrando que en la diplomacia el lenguaje corporal también puede enviar mensajes tan poderosos como un discurso oficial.
